La obsesión de un Ángel.
Cristina López

Capítulo 0001

Cielo:

Mis pies duelen como el mismo demonio, odio usar tacones, mas este maldito modelo que además de altos son en punta, muy ejecutivos, pero por Dios, mis dedos son gordos, al igual que mis pies, parecen bollitos de pan, no me quejo, me siento a gusto con mi cuerpo, con lo que no me siento a gusto son con estos malditos zapatos, no solo aprietan mis dedos, el mantener el equilibrio sobre un delgado tacón… Dios, solo espero no romperme el cuello si llego a caer.

— Señorita. — Dios, respira Cielo, respira.

— Buen día, tengo una entrevista de trabajo. — el guapo guardia recorre mi cuerpo y mi sonrisa se desvanece al ver el gesto de desdén que hace.

— ¿Nombre? — su pregunta me hace dudar, ¿me veo mal, como para que no crea que estoy aquí por empleo? — Señorita.

— Cielo, Cielo Pérez. — me siento tentada a preguntar porque desconfía de mi palabra, estoy bien vestida, ¿verdad? malditamente hasta faja me he puesto.

— Sí, tiene una cita para la vacante en marketing. — su labio se eleva una milésima, pero lo vi, se está riendo de mí, que te den cabron.

— Así es. — respondo lo más calmada que puedo, se está mofando, lo se.

— Primer ascensor piso cuatro. — su macabra sonrisa me pone nerviosa.

— Gracias.

Camino lo más rápido que estas cosas me lo permiten, o sea, lento, me duele mi dedo chiquito, al menos aprovecho mi lento caminar para ver a mi alrededor, creo estar bien vestida, pantalón de vestir, camisa blanca, chaqueta a juego con mi pantalón, pero entonces cuando entro al ascensor lo noto, eso me pasa por no tener un espejo de cuerpo entero, Dios mío, me parezco a la ballena Willy, una gran orca a entrado al ascensor, el pantalón aun con la faja, me queda demasiado apretado, y el hecho de colocarme cinturón para marcar mi inexistente cintura, y meter la camisa dentro, solo me hace parecer un globo atado a la mitad a punto de estallar, no debería seguir consejos de imagen para chicas curvi, de una mujer que debe pesar un cuarto de lo que yo peso ¿Cómo no note que esta camisa ya me queda chica.

La puerta se abre y ante mí, un grupo de mujeres y hombres que más parecen salidos de un comercial que de una academia me ven primero con curiosidad y luego con burla.

— Buen día. — saludo, recibiendo solo algunos asentamientos de cabeza, maleducados.

— Creen que el CEO estará allí dentro. — una rubia muy teñida de vestido rojo pregunta a nadie en particular.

— ¿El CEO de Teo&Ely, haciendo entrevistas? — el hombre moreno lanza una mordaz carcajada, no lo culpo, la pregunta de la rubia es… estúpida, para algo existe recursos humanos.

— No sé qué te divierte, el antiguo CEO se ocupaba de seleccionar a sus empleados. — refuta la mujer, entonces Teo&Ely tiene nuevo CEO, maldición, ¿todo lo que investigue de Baltazar Zabet fue para nada?

— Querrás decir que el antiguo CEO se casó con su secretaria. — intervino una mujer de cabello rojizo, con un escote aun mas profundo que el mío, claro que yo me coloque un sostén reductor, no es lindo andar por la vida con dos melones revotando, aunque mas se asemejan a sandias, sandias que me harán perder el equilibrio de estos mortales zapatos.

— Esa mujer sí que supo escalar rápido de puesto. — murmura un hombre, y mis dientes trinan, claro la buscona siempre es la mujer.

— Veo que estan bien informados de la vida amorosa de mi hermano y su esposa. — una rubia, teñida, ve con recelo a las mujeres y por supuesto al hombre. — Soy Tiara Zabet, jefa de recursos humanos, y desde ya les informo que tu y tú, se pueden marchar, al igual que tu guapo, una verdadera pena que no pueda poner a prueba tus habilidades para escalar puestos. — santa madre, ¿en verdad en esta empresa se evalúa de esa forma al personal? No lo creo, seguro lo está molestando.

— Señorita…

— Nada, adiós y tu también. — apunta su dedo hacia mí.

— ¿Qué? ¿yo por qué? — ni siquiera me han saludado al entrar, no dije más que buen día, pero entonces, sus ojos me escanean al completo, de tal forma, que me hace sentir desnuda.

— Si te dijera el motivo, Gabriel se enojaría al recibir tu demanda, solo lárgate, no encajas con la empresa, no me hagas perder el tiempo.

No fueron sus palabras, tampoco las risillas que los demás soltaron, fue su forma de verme, como si fuese basura, me estaba discriminando por gorda, lo sabía, ya me había pasado, pero de igual forma, aunque quisiera demandarla, ¿Quién me serviría de testigo? Si incluso los tres idiotas se habían marchado, la puerta cerrándose del ascensor me lo dejo en claro.

— Gracias de todos modos, y espero que algún trabajador le haga el favor de follarla para escalar en la empresa, porque así de “linda con su cuerpo perfecto” le puedo asegurar que solo basta con hablar con usted, para darse cuenta de la clase de basura que es.

No escuche sus gritos chillones, no me detuve a esperar el maldito ascensor, no pensaba permitir que alguien como ella me hiciera llorar, no me importa, no me importa, es lo único que mi cabeza gritaba, mientras bajaba por las escaleras, mala idea, muy mala, el correr por escaleras en tacones, con mi pecho rebotando al igual que mi barriga, era mas que obvio donde terminaría, m*****a fuerza de gravedad, maldito tacón, m*****amente este día.

Todo fue tan rápido, que ni siquiera alcance a gritar, el tacón se rompió, y mi peso hizo el resto, estaba segura de que rompería la pared del descanso de la escalera con mi cabeza, entonces un hombre fue mi pobre víctima, literalmente, aplaste a un hombre, ¿Qué más Dios mío? ¿Qué más?

Capítulo 0002

Gabriel:

El dolor de cabeza era insoportable, y aunque no me guste reconocerlo mis padres tienen razón, ya no soy un jovencito que puede pasar la noche bebiendo y follando, odio reconocerlo, detesto saber que siempre seré diferente a mis hermanos, es como si no encajara en ningún lugar, ni siquiera en mi familia; lo había intentado, claro que lo hacía, ¿extrañaba ser asesino? Rayos, no, aunque dijera lo contrario, ¿el dormir con desconocidas me estaba perjudicando? Si, y eso me daba miedo, ya no tenía nada que experimentar, lo había probado todo, lo mejor, lo peor, todo, en estos 30 años había transitado mucho más de lo que cualquier anciano hubiese hecho en su vida, y sin embargo, aquí estaba, otro día más como el CEO de Teo&Ely y seguía sintiéndome fuera de lugar.

— Por favor, usemos el ascensor. — Emilia se queja a mi lado al verme caminar hacia las escaleras y sonrió.

— Te has vuelto perezosa. — refuto, pero luego recuerdo su pequeño bollo a media cocción. — Las embarazadas son problemáticas, ve por el ascensor, yo prefiero mantenerme en forma.

— ¿No es lo que haces todas las noches en alguno de tus gimnasios? — sí, eso se supone que hago, para mi familia mi vida está en orden, nada más lejos de la realidad, hace meses que no pongo un pie en el pequeño pasatiempo que montamos con Baltazar.

— Aun así.

Solo eso digo, y comienzo a subir por las escaleras, tal vez debería pedir ayuda, hacerles saber que el asesino reformado ya no quiere ser CEO, pero entonces recuerdo que tampoco me tienta ser asesino nuevamente, no sé qué hacer conmigo. Lo malo de nacer siendo millonario, y tener todo a tu alcance, es que la vida se vuelve aburrida, muy…

Mi cabeza rebota contra el suelo, una pequeña pelota esponjosa me lanza allí y creo que alguien trata de matarme, estan intentando asfixiarme, con… ¿pechos?

— Dios mío, lo siento. — mi espalda cruje cuando la bolita esponjosa sobre mi intenta ponerse de pie. — Maldición. — murmura de frustración al no tener de donde hacer palanca para elevar su torso, lo sé porque veo sus brazos cortos sobre mis pectorales, aunque lo que más veo son dos enormes pechos balanceándose sobre mi rostro, y de pronto estoy tentado a morderlos. — Diablos. — se queja una última vez antes de… ¿rodar? ¿Ella acaba de rodar a un lado?

— ¿Qué? — aun en el cómodo piso alfombrado del descanso, giro mi rostro para observar a la cosita más linda que mis ojos han podido ver, ¿está gateando?

— Lo siento, déjeme llamar a emergencias. — su respiración agitada provoca que esos enormes pechos se muevan de forma hipnotizante.

— Estoy bien. — sus ojos se abren casi con terror, no sé si es por escuchar mi voz de fumador compulsivo o ver mi rostro tatuado, algunas personas hacen eso, juzgan con una sola mirada, otro error de mi juventud, arruinar mi rostro, que es la carta de presentación ante todos, aunque si debo ser honesto, me gustan mis tatuajes.

— Rompí su nariz. — murmura con sus mejillas enrojeciendo, aun bajo esa piel morena lo distingo, ventajas de tener buena vista.

— No es nada. — rebato y al fin me pongo de pie, ¡cosita linda! Es tan pequeñita, no debería sorprenderme, soy alto, creo que lo que me gusta es que es rellena, muy rellena y suave.

— Por favor, permita que lo acompañe a la enfermería, esta empresa debe tener una, pienso pagar por el daño causado. — dijo entregándome un pañuelo descartable, el cual tomo solo para tocar su piel.

— Puedes acompañarme donde sea, aunque repito que no es necesario. — con un fuerte movimiento acomodo mi tabique, y la sangre cae con más fuerza, causando la cara de asco del pequeño bollito de azúcar a mi lado.

— Puedo darle dinero para la lavandería. — me avisa y solo entonces veo mi traje.

— No es necesario. ¿tu como estas? — pregunto al percatarme que en su pantalón de vestir se está formando una pequeña mancha de sangre a la altura de su rodilla.

— Agradecida a Dios de no ser la causante de su muerte, no me demandara ¿verdad? fue un accidente, mi tacón se rompió. — Dios, su pie, es igual a un bollito de pan recién horneado, lindo.

— No te demandare, la empresa tiene seguro para sus empleados, ahora será mejor que vayamos a que vean tu rodilla. — la joven mueve su pierna y eleva sus hombros.

— No es nada, además no trabajo aquí. — ¿Cómo qué no?

— Eso no importa, te lesionaste estando dentro de la empresa, deben verte y así evitar que nos demandes. — su rostro demuestra lo indignada que esta.

— No soy una oportunista señor, yo consigo mi dinero de manera honrada no estafando a empresas. — se gira ¿se ira?

— Espera. — mi mano alrededor de su muñeca… se siente bien, es tan blandita, ¿me he cansado de estar con mujeres huesudas? — En ese caso tomo tu oferta, creo que puedo tener alguna contusión. — llevo mi mano atrás de la cabeza, solo para darle más realismo a mi actuación, y su rostro de preocupación me… da satisfacción, no demuestra temor como la mayoría de los hombres con los que trato, tampoco está coqueteando como la mayoría de las mujeres, solo me ve con preocupación.

— En verdad lo siento, ¿sabes dónde estala enfermería?

— En planta baja, a la derecha. — en realidad hay una por sector, pero la más cercana es en el cuarto piso, no tengo ganas de lidiar con Tiara hoy.

— Deberíamos subir al cuarto piso para tomar el ascensor.

— ¡No! — mi exclamación la hace elevar una ceja, ¿Por qué no puedo dejar de verla? — Le tengo miedo a los ascensores. — ¿lo dije? Le acabo de decir a una desconocida lo que le asusta al CEO de Teo&Ely, al exasesino Azazel.

— Te entiendo, ¿Quién no le temería a una caja pequeña que sube y baja gracias a cables de metal que pueden fallar? — la naturaleza con la que habla, sus músculos relajados, todo me indica que ella esta cómoda a mi lado, no se ve como un conejo asustadizo, como muchas de las personas con las que trato día a día. — Bien, bajaremos por aquí, solo si no estas mareado, por favor, si sientes algo raro me avisas, he iré por ayuda. — ¿hace cuanto que nadie se preocupa por mí? Solo mis padres y cuando recibía algún impacto de bala o herida profunda, nadie a mi alrededor se preocupará por ni persona por un simple golpe, se supone que estamos entrenados para soportar mucho más que un golpe en la cabeza.

— Sí, te avisare. — murmuro idiotizado al verla quitarse su zapato sano y arrancar el tacón, ella es una mujer fuerte.

— Estas cosas deberían estar en el sector de armas peligrosas. — murmura mostrándome el tacón y solo asiento con la cabeza, recuerdo cuando Alma, mi hermana mayor mato a un hombre con una de esas cosas.

Con un movimiento de mano le dejo en claro que la seguiré, no es caballerosidad, es el deleite de verla y no comprendo porque, algunas de las mujeres de mi familia son de baja estatura, tampoco es como que nunca vi a una mujer con un poco más de peso del que supuestamente debería tener, entonces ¿Por qué no puedo dejar de verla?

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